Sierra de Grazalema
15 a 19 de febrero
Calor en Grazalema, este otoño e invierno están siendo muy secos y la sierra parece otra, Ha perdido su encanto de duendes, su olor a tierra empapada y madera que se deshace, El sol de febrero parece el de mayo, perturba, hiere. En todas las conversaciones aparece enseguida esta angustia. No encaja este calor con la luz de invierno, se rompe la armonía, La madrugada es fría, como en el desierto, y ni los primeros rayos de sol se agradecen.
Puerto de las Viñas en Villaluenga del Rosario. Raro este olor a tostada de carmela en la transparencia de la mañana, un rebaño de ovejas y cabras se prepara para salir al monte. No se parece en nada el té con leche y las tostadas de ajo y tomate a las de casa. No tengo hambre, ni prisa, ni me termino de encontrar. Es otro modo de estar, sin venir de ninguna parte, ni tener un sitio al que volver. Acostumbrarse a no tener que pensar en lo que quedó por hacer, Nuevo espacio.
Aulagas rabiosas, amarillo intenso y a sus pies tiernos iris morados, triangulares, perfectos, delicados en el frescor de rocío de la hierba. La senda aparece y desaparece entre afilados lapiaces, salpicados de simancones, aristas como navajas, grises y blancas, El Salamadre se resiste, vuelvo a no encontrar el camino, hay que trepar, escalar, arañarse con las carrascas para llegar a la cumbre , pequeña, una vértebra más en la dorsal que divide los llanos del Republicano y los del Líbar. Salvaje, drámatico, vacio. Puerto del Alcornocalejo, consuelo de praderas, incluso un refugio, Barea, un viejo cortijo encalado, cuidado, escondido en su jardín de encinas. Áspera la subida de piedra suelta al Puntal de la Raya principio de una dorsal de piedras imposibles, despiadada, interminable, cortante, que por fin desciende verticalmente hacia un torcal, una joya de delicado diseño, escondida, que recorro liviana e insensible al cansancio, sólo siento la piedra, cortándome los pies a través de las botas, en las manos, la mirada, la cabeza. Ya en el llano y en el bosque, me acompañan las piedras, lo han ocupado todo, estoy llena de piedras que no pesan, que me hacen volar sin esfuerzo. Por fin el frío, se despide el día de rosa y naranja, y ceno una sopa, embutida en mi plumas, sobre el pueblo en silencio.
El poeta taurino aparece mientras estoy trabajando con el ordenador en un área recreativa de enormes encinas, Pasea a su perra boxer, hablamos, le interrogo, me entero de que aquí los ganaderos "no ponen todos los huevos en la misma cesta" tienen sobre 80 cabras, otras tantas ovejas, unas 10 vacas y unos pocos de cochinos, La leche de cabra se vende a la fábrica de queso a 70 céntimos (aunque en la época dorada se pagó a euro), el cochino este año ha bajado a mitad que el pasado, porque con la pandemia no ha habido ferias y eventos en los que los ibéricos son protagonistas, y poco a poco las vacas se dejan de cruzar con sementales de otras razas, para recuperar la retinta de la zona. La leche de cabra es muy grasa, hace falta menos cantidad de leche para hacer el queso, cuando las cabras pastan en los secarrales de las montañas. Los piensos han subido un 30%, por la crisis de Ucrania que produce mucho trigo, Pero a pesar de todo viven decentemente. Pero mi interlocutor no es ganadero, lo fue su padre y su hermano, pero él es poeta. Poeta taurino. Ha decidido alquilar su casa de Jerez, vivir de eso en Villaluenga, en la casa de sus padres ya muertos, y escribir. Es un apasionado de la mitología clásica, y animado por mi interés, me cuenta el mito del minotauro que le ha inspirado una serie de poemas que va a publicar en breve sobre el toro bravo, del que es un gran aficionado. La bravura del linaje del toro, fantasea, viene inspirada por Tauro, la constelación, que alienta a su estirpe a vengar a aquel minotauro muerto a manos de Teseo. Tres sonetos me recita dedicados a la bravura del toro, que me emocionan y me asombran descubriendo una nueva faceta de un mundo etiquetado y menospreciado por mí. Bellas imágenes de campos, toros, noches de luna y sangre, que engarzados sutilmente con la mitología despiertan arcaicos sentimientos.
Tiene en el diminuto súper la tele puesta con la batalla de Casado y Ayuso, pero cuando le pregunto al respecto me espeta que a él esas suciedades políticas, así como el futbol no le gustan nada. Y añade que el fútbol le parece que saca lo peor del género humano y que cuando se mitifiquen como hoy a los futbolistas a los maestros o los médicos, entonces seremos una sociedad en condiciones y, claro, no tendremos esos políticos capaces de semejantes espectáculos. Me sorprende en el pequeño Benaoján, que luego me entero que es el tercer municipio andaluz con la renta per cápita más alta por el tema de los embutidos, un hombre de pueblo de toda la vida, que me lanza semejante diatriba cuando entro a comprar pan y cerveza. Así que seguimos conversando y el tendero es también profesor de yoga y maestro de reiki. Es él quién me sugiere ir a la cueva de la Pileta, y si no llega a ser porque se tenía que ir a Málaga a recoger a su hija, violista, de un examen, nos tiramos la mañana arreglando el mundo,
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